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TERESA MARGOLLES. La memoria de las víctimas

TERESA MARGOLLES. La memoria de las víctimas

La memoria de las víctimas

 

Teresa Margolles

Del 18 de Septiembre 2009 al 3 de Enero 2010

Montehermoso. Vitoria-Gasteiz

 

La mexicana Teresa Margolles presenta en Montehermoso en Vitoria-Gasteiz la instalación sonora titulada “Los sonidos de la muerte”. Una llamada dolorosa a la memoria y un homenaje a tantas mujeres asesinadas y olvidadas por una sociedad violenta y cínica, que ha convertido las muertes de los débiles y de los indefensos en meros datos estadísticos.

 

Teresa Margolles se dio a conocer como parte del grupo de artistas SEMEFO. Este es el nombre real de los Servicios Médicos Forenses Mexicanos, donde se practican autopsias y donde los familiares de los finados acuden a identificar los cuerpos. Actualmente ésta identificación se realiza también a través de las fotografías de los cadáveres que los SEMEFO de las diferentes localidades mexicanas tiene colgadas en sus webs.

El grupo artístico SEMEFO (integrado por Margolles, Carlos López y Arturo Angulo) se decía influenciado por Bataille,  El Bosco, Bacon, Lautréamont, Bourroughs, Cioran, Artaud, y Tarkovsky. A finales de los ochenta ocuparon el Hospital de la Floresta en Tlalpan (barrio de Mexico D.F.). Se trataba de un centro para enfermos mentales de familias adineradas, por entonces ya en ruinas, que por cierto aparece en el film Los Olvidados de Luis Buñuel.

 

“Recorríamos las celdas vacías tropezando con cascajo, restos de camillas, aparatos para electroshocks, material quirúrgico… leyendo ávidamente los expedientes de los internos, imaginando sucesos: vivíamos los gritos que aún rebotaban en las paredes...” Los universitarios , México, noviembre 1990-1991.

 

Este espacio marco la trayectoria del grupo, siempre trabajando en torno al recuerdo y a la muerte (más exactamente el cadáver) haciéndola siempre presente, muchas veces de forma repugnante, en sus performances, videos e instalaciones. Para ello utilizaban vísceras, cadáveres de animales, sangre y excrementos. Teresa, licenciada en Ciencias de la Comunicación, se diplomó en Medicina Forense y así comenzaron a utilizar tanto fotografías como también fragmentos y fluidos de cadáveres humanos. El espectador se ve enfrentado ya no a una simulación o una representación sino a una sinécdoque del cadáver real. Pelo, grasa, sangre,… El objetivo es mostrar la poca importancia que se da a esas víctimas anónimas, en una sociedad donde el control policial no lucha por erradicar la violencia, sino únicamente por marginarla.

Aunque el grupo se disolvió a finales de los años 90 la obra de Margolles a continuado en ésta línea de trabajo. Así en la reciente 53 Bienal de Venecia la artista colgaba como bandera en la fachada del Palacio Rota-Ivancich, una tela impregnada en sangre de personas asesinadas. En las salas, a modo de tapices, telas con sangre ésta vez bordadas en hilo de oro. Los suelos del palacio fueron fregados diariamente con una mezcla de agua y sangre de personas asesinadas. La macabra fina capa de fluidos fue creciendo día a día oscureciendo el pavimento.

 

En Vitoria-Gasteiz la mexicana presenta la instalación sonora titulada “Los sonidos de la muerte”. Aunque los contenidos y la intención sean los mismos, en ésta ocasión Margolles presenta una obra limpia y que resulta menos macabra. La pieza consiste en veinticuatro altavoces perfecta y asépticamente colocados en las paredes a razón de 6 altavoces por tramo, en las rampas, poco iluminadas, que descienden desde el claustro hasta la entrada al antiguo depósito de aguas. En ellos escuchamos sonido ambiental: el tráfico, grillos, el viento,… en realidad nada especial. Se podría tratar de sonidos recogidos en cualquier lugar. No son tétricos o tenebrosos, no son estridentes, no son exagerados en ningún sentido. No se trata de sonidos idílicos pero tampoco de ninguna manera son especiales. No escuchamos tampoco ninguna voz humana. No ocurre nada, ni se produce ningún tipo de sensación. La escucha de éstos sonidos no nos informa de nada ni nos transmite ninguna información. La clave de la pieza no está por tanto en el sonido aunque se trate de una instalación sonora. La clave está en el cartel informativo que encontramos al final de las rampas. Ahí se nos informa que estas grabaciones fueron realizadas en veinticuatro lugares de Ciudad Juárez (México) donde se hallaron los cadáveres de veinticuatro mujeres asesinadas. Esta es una ciudad fronteriza al norte de México, frente a El Paso, en Texas, donde el narcotráfico campa a sus anchas y donde diariamente mueren personas de forma violenta. En Ciudad Juárez, de cada diez personas asesinadas cuatro son mujeres, una cifra muy por encima de la de cualquier otra ciudad en el mundo.  Muchas de éstas victimas han sido además violadas.

Esta instalación revindica la memoria de las víctimas mediante la voz de los lugares dónde fueron abandonadas. Habla del dolor de las personas que han perdido a sus seres queridos y del vacío que deja un asesinado en una familia. No se trata de números, sino de personas con nombre y apellido. Pero estas personas, salvo por sus allegados, han sido hoy olvidadas. La violencia continúa y cada día hay nuevas victimas que el Estado se limita a contabilizar. Teresa nos ayuda a reflexionar y nos trae el recuerdo de aquellas mujeres anónimas.

La instalación que presenta en Monthermoso es cercana en concepto a las pinturas aeropostales del chileno Eugenio Dittborn donde homenajeaba a personajes anónimos desparecidos durante la dictadura. También existe un paralelismo con la colombiana Doris Salcedo y su deseo de impedir que una amnesia colectiva olvide la violencia que impera en su país. Su modus operandi parte de la investigación teórica situándose en el lugar donde fallecieron las víctimas, para invitar luego a su evocación a través de la obra artística.

Txema Agiriano

Publicado originalmente en Mugalari. 18 de Diciembre 2009

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